jueves, 21 de octubre de 2010

Zona Autónoma Makhnovtchina (ZAM), D.F.

Un espacio autónomo en pleno DF
La ZAM
Fuente y foto: Desinformémonos

http://espora.org/zam/sitio/ (ZAM)

En el corazón de la Ciudad de México y sin el permiso de nadie, crece y se fortalece un espacio autogestionado por un grupo de jóvenes que se declaran antiautoritarios, con gran influencia del zapatismo, el anarquismo y el ecologismo.

Entrevista al colectivo de la ZAM

México, DF. La Un espacio autónomo en pleno DF
La ZAM
En el corazón de la Ciudad de México y sin el permiso de nadie, crece y se fortalece un espacio autogestionado por un grupo de jóvenes que se declaran antiautoritarios, con gran influencia del zapatismo, el anarquismo y el ecologismo.

Entrevista al colectivo de la ZAM

México, DF. La Zona Autónoma Makhnovtchina (ZAM) es un espacio autónomo que vive y se organiza en la Ciudad de México. Inició en 2009 como la continuación de los que algunos jóvenes hacían desde años atrás en diferentes colectivos punks y autónomos. “Teníamos la necesidad de un espacio para hacer las actividades de nuestros proyectos”, dicen los jóvenes que gestionan la ZAM. “Hace poco más de año y medio unos compas de una imprenta relacionada con el zapatismo nos cedieron este espacio, y desde ese entonces es el lugar de nuestras actividades y proyectos manteniéndolo autónomo dentro de la Ciudad.”

El nombre del lugar es quizás lo que inmediatamente llama más la atención. Explican sus integrantes en este ejercicio de entrevista colectiva, que el acrónimo ZAM es un híbrido entre un texto que les gustó e influenció que se titula T.A.Z. Temporary Autonomous Zone (en español Zona Temporalmente Autónoma), escrito por el anarquista estadounidense Hakim Bey, y el movimiento de la Makhnovtchina. El texto, cuentan, habla de las Zonas Autónomas que aparecen y desaparecen en el mundo creando “huecos” al control del capitalismo, haciendo un espacio libre y de creación en cualquier lugar, y después desaparece para aparecer en otro lado, en otro punto.

Esta vez apareció en la Ciudad de México, afirman con orgullo: “En el nombre también reivindicamos el movimiento de la Makhnovtchina, que fue un movimiento anarquista ucraniano que tenía un ejército de campesinos y obreros llamado Ejercito Negro, una historia muy parecida a la de Emiliano Zapata.” Los miembros del colectivo de la ZAM aclaran que si bien el proyecto fue iniciado en su mayoría por punks, “no sólo ellos trabajan aquí, pues la intención no es hacer un gueto ni nada similar.” La idea es construir un espacio amplio y, por decirlo de alguna manera, “un pequeño mundo donde quepan muchos.” Afirman que sólo tienen como principio “no dar espacio a los partidos políticos ni grupos autoritarios o de tendencias racistas, fascistas, sexistas, homofóbicas o xenófobas”.

Si se trata de definirse políticamente, los de la ZAM prefieren simplemente decir: “Básicamente nos declaramos antiautoritarios aunque no tenemos una tendencia ideológica única.” Y es que en la ZAM “corren muchas tendencias e influencias políticas de izquierda que van desde el anarquismo, pasando por el ecologismo y el zapatismo.” No están por la toma del poder, ni pretenden sacar dinero de los movimientos sociales, ni aliarse con partidos políticos. Tampoco, afirman, les interesan los liderazgos ni los protagonismos. “Nos declaramos autónomos y en este espacio hay muchos mundos que comparten estas tendencias e influencias.”

Si bien no hay una ideología única que rige a la ZAM, en la práctica y en el trabajo cotidiano existe una fuerte adherencia a los principios del apoyo mutuo, el “hazlo tú mismo” y a la horizontalidad. Eso hace posible que tendencias que aparentemente son distintas, como la del movimiento de software libre, el ecologismo y el movimiento punk, convivan y se retro-alimenten. “Intentamos que un espíritu de generosidad y respeto a la libertad del prójimo se vea reflejado en las formas de trabajar.” Es a través de este constante esfuerzo hacía la cooperación, la reciprocidad en el intercambio de recursos, habilidades e información, que esperan involucrar nuevas propuestas y participaciones en la ZAM.

En la ZAM se desarrollan distintas actividades. Relatan los miembros del colectivo que básicamente se trata de actividades relacionadas con el zapatismo, como difusión y apoyo; el software libre, como herramientas tecnológicas libres para los movimientos sociales; cultura punk, como forma de vida alterna y crítica; ecología urbana, como respuesta al cambio climático, la promoción de áreas verdes en la ciudad y como hábitos de vivir de una manera más auto-sustentable; arte en resistencia, como expresión creativa y de protesta, entre otras.

Además de estas actividades existen varios proyectos que conviven en el espacio. Está el Hacklab ZAM, que es un espacio de apoyo mutuo basado en la ética Hacker. “Basamos nuestras actividades en los principios de software libre y el espíritu de compartir información y saberes.” Organizan talleres de computación, que abarcan diversos temas como la seguridad informática, la publicación de páginas web y la creación de medios audiovisuales con software libre. “Definimos como hacker a una persona con ganas de entender cualquier sistema técnico y luego apropiárselo”, explican. La ética hacker, añaden, “va contra la tendencia común que sigue la tecnología para reforzar jerarquías con empresas o tecnócratas, que dictan los parámetros de nuestras vidas. Como hackers promovemos la experimentación técnica, el trabajo colaborativo y la educación mutua.”

Aunado a lo anterior, en la ZAM opera una galería que ofrece a los proyectos de arte en lucha relacionados con los movimientos sociales un espacio para compartir su trabajo con el público. Esta galería opera de manera autogestiva y ofrece a los participantes un espacio para ejercer su libertad de expresión sin censuras, intereses económicos y burocracias de por medio. “Aquí se han exhibido proyectos de grabado, serigrafía, scratch, foto y graffiti que demuestran posturas como el anticapitalismo, el ecologismo y apoyo a las comunidades autónomas.” Existe una invitación abierta a nuevas propuestas que “se comprometan críticamente con el panorama poético, económico, ecológico, sociocultural y político contemporáneo”.

Existe también el proyecto ecológico de la ZAM, que incluye un jardín y una pequeña huerta urbana donde se han sembrado jitomates, fresas, lechugas y aguacate. La tierra para estas plantas proviene de la composta donde se depositan todos los desechos de la cocina comunitaria de la ZAM. En esta área se coleccionan diversos materiales como plásticos, madera, latas, fierro y aluminio para su reciclaje posterior. Se aprovechan, por ejemplo, las llantas viejas de autos para fabricar macetas. Además de reutilizar todas las aguas grises de la ZAM, también se ha implementado un sistema rudimentario de recolección de agua de lluvia. “Buscamos una mayor participación en estas actividades para seguir fortaleciendo el proyecto del huerto y además queremos desarrollar un sistema de sanitarios secos e implementar un mejor sistema para la reutilización y aprovechamiento de aguas grises”, relatan.

Acerca de los numerosos eventos que se realizan prácticamente cada semana, los integrantes de la ZAM afirman que todas las actividades son de acceso libre, con excepción de algunas fiestas y conciertos. Al término de las actividades, explican, “se pide una cooperación voluntaria para apoyar los gastos de espacio”. De esta manera, matizan, “cada quien coopera con lo que puede y no se excluye a nadie, y en las fiestas y conciertos se pide una colaboración monetaria en la entrada y se venden algunas bebidas para recaudar recursos para el espacio”.

Un proyecto de tales dimensiones, reconocen, necesita mucho compromiso y labor cotidiana. Son dos las razones que los activistas señalan como “los motivos para hacer este proyecto”. La primera es que “nos gusta mucho lo que hacemos, lo hemos adoptado como una forma de vida e intentamos hacerla lo más divertida posible”. La otra razón es que “no nos gusta como está organizada esta sociedad ni la destrucción del planeta que el capitalismo está realizando. Por eso intentamos desarrollar y difundir alternativas para una vida más libre”.

Lo anterior, advierten, porque no hay espacios en esta ciudad para los jóvenes, y los que existen son administrados por adultos que no aciertan en el interés de los jóvenes. Por esto en la ZAM “intentamos hacer un espacio en el que de manera autogestiva seamos los mismos jóvenes los que desarrollemos las actividades que a nosotros nos interesan”.

Actualmente la ZAM se ubica en la planta baja de un edificio que históricamente ha albergado un sin fin de actividades de carácter político social; originalmente fue propiedad del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). A través de los años el uso del edificio, al igual que el partido, fue marcado por fuertes divisiones políticas e ideológicas. Lo que una vez fue el estacionamiento del edificio fue convertido en una imprenta zapatista y así continuó por muchos años antes de ser cedido al grupo de jóvenes que fundaron la ZAM.

Actualmente este espacio está amenazado. Explican sus integrantes: “En este momento la ZAM está siendo amenazada por una inmobiliaria que pretende usurpar la propiedad del edificio para fines de lucro. Es por ello que queremos defender nuestro trabajo en este espacio, multiplicando la cantidad y diversidad de actividades que se realizan aquí”. El futuro es incierto. Existe la posibilidad real de un desalojo pero, dicen sus gestores, “aun así no cesaremos con nuestras actividades e invitamos a todo el mundo para que vengan a conocer la ZAM y si es de su interés se sumen a las actividades”.

“Nos gustaría -añaden- que surjan nuevos espacios autónomos por todas partes y que ayudemos así a generar una vida de libertad, apoyo mutuo y anticapitalismo.” Por esa razón, y a pesar de las amenazas de desalojo, la ZAM sigue su programación de eventos. “Para los meses de octubre y noviembre tenemos como siempre actividades de software libre, como el Tech-io, en donde gente interesada en aprender y compartir saberes se reúne; la exposición de arte “Tan lejos de dios”, en la que participan artistas chicanos, de México y de Oaxaca.”

También se organizarán estos meses las kafetas de la Red de Medios Libres, donde se sirve café, comida y otras bebidas acompañadas de proyección de videos. Habrá un taller de arte urbano, un evento de trueque (intercambio gratuito de todo tipo de cosas) y muchas otras actividades que se irán programando sobre la marcha. es un espacio autónomo que vive y se organiza en la Ciudad de México. Inició en 2009 como la continuación de los que algunos jóvenes hacían desde años atrás en diferentes colectivos punks y autónomos. “Teníamos la necesidad de un espacio para hacer las actividades de nuestros proyectos”, dicen los jóvenes que gestionan la ZAM. “Hace poco más de año y medio unos compas de una imprenta relacionada con el zapatismo nos cedieron este espacio, y desde ese entonces es el lugar de nuestras actividades y proyectos manteniéndolo autónomo dentro de la Ciudad.”

El nombre del lugar es quizás lo que inmediatamente llama más la atención. Explican sus integrantes en este ejercicio de entrevista colectiva, que el acrónimo ZAM es un híbrido entre un texto que les gustó e influenció que se titula T.A.Z. Temporary Autonomous Zone (en español Zona Temporalmente Autónoma), escrito por el anarquista estadounidense Hakim Bey, y el movimiento de la Makhnovtchina. El texto, cuentan, habla de las Zonas Autónomas que aparecen y desaparecen en el mundo creando “huecos” al control del capitalismo, haciendo un espacio libre y de creación en cualquier lugar, y después desaparece para aparecer en otro lado, en otro punto.

Esta vez apareció en la Ciudad de México, afirman con orgullo: “En el nombre también reivindicamos el movimiento de la Makhnovtchina, que fue un movimiento anarquista ucraniano que tenía un ejército de campesinos y obreros llamado Ejercito Negro, una historia muy parecida a la de Emiliano Zapata.” Los miembros del colectivo de la ZAM aclaran que si bien el proyecto fue iniciado en su mayoría por punks, “no sólo ellos trabajan aquí, pues la intención no es hacer un gueto ni nada similar.” La idea es construir un espacio amplio y, por decirlo de alguna manera, “un pequeño mundo donde quepan muchos.” Afirman que sólo tienen como principio “no dar espacio a los partidos políticos ni grupos autoritarios o de tendencias racistas, fascistas, sexistas, homofóbicas o xenófobas”.

Si se trata de definirse políticamente, los de la ZAM prefieren simplemente decir: “Básicamente nos declaramos antiautoritarios aunque no tenemos una tendencia ideológica única.” Y es que en la ZAM “corren muchas tendencias e influencias políticas de izquierda que van desde el anarquismo, pasando por el ecologismo y el zapatismo.” No están por la toma del poder, ni pretenden sacar dinero de los movimientos sociales, ni aliarse con partidos políticos. Tampoco, afirman, les interesan los liderazgos ni los protagonismos. “Nos declaramos autónomos y en este espacio hay muchos mundos que comparten estas tendencias e influencias.”

Si bien no hay una ideología única que rige a la ZAM, en la práctica y en el trabajo cotidiano existe una fuerte adherencia a los principios del apoyo mutuo, el “hazlo tú mismo” y a la horizontalidad. Eso hace posible que tendencias que aparentemente son distintas, como la del movimiento de software libre, el ecologismo y el movimiento punk, convivan y se retro-alimenten. “Intentamos que un espíritu de generosidad y respeto a la libertad del prójimo se vea reflejado en las formas de trabajar.” Es a través de este constante esfuerzo hacía la cooperación, la reciprocidad en el intercambio de recursos, habilidades e información, que esperan involucrar nuevas propuestas y participaciones en la ZAM.

En la ZAM se desarrollan distintas actividades. Relatan los miembros del colectivo que básicamente se trata de actividades relacionadas con el zapatismo, como difusión y apoyo; el software libre, como herramientas tecnológicas libres para los movimientos sociales; cultura punk, como forma de vida alterna y crítica; ecología urbana, como respuesta al cambio climático, la promoción de áreas verdes en la ciudad y como hábitos de vivir de una manera más auto-sustentable; arte en resistencia, como expresión creativa y de protesta, entre otras.

Además de estas actividades existen varios proyectos que conviven en el espacio. Está el Hacklab ZAM, que es un espacio de apoyo mutuo basado en la ética Hacker. “Basamos nuestras actividades en los principios de software libre y el espíritu de compartir información y saberes.” Organizan talleres de computación, que abarcan diversos temas como la seguridad informática, la publicación de páginas web y la creación de medios audiovisuales con software libre. “Definimos como hacker a una persona con ganas de entender cualquier sistema técnico y luego apropiárselo”, explican. La ética hacker, añaden, “va contra la tendencia común que sigue la tecnología para reforzar jerarquías con empresas o tecnócratas, que dictan los parámetros de nuestras vidas. Como hackers promovemos la experimentación técnica, el trabajo colaborativo y la educación mutua.”

Aunado a lo anterior, en la ZAM opera una galería que ofrece a los proyectos de arte en lucha relacionados con los movimientos sociales un espacio para compartir su trabajo con el público. Esta galería opera de manera autogestiva y ofrece a los participantes un espacio para ejercer su libertad de expresión sin censuras, intereses económicos y burocracias de por medio. “Aquí se han exhibido proyectos de grabado, serigrafía, scratch, foto y graffiti que demuestran posturas como el anticapitalismo, el ecologismo y apoyo a las comunidades autónomas.” Existe una invitación abierta a nuevas propuestas que “se comprometan críticamente con el panorama poético, económico, ecológico, sociocultural y político contemporáneo”.

Existe también el proyecto ecológico de la ZAM, que incluye un jardín y una pequeña huerta urbana donde se han sembrado jitomates, fresas, lechugas y aguacate. La tierra para estas plantas proviene de la composta donde se depositan todos los desechos de la cocina comunitaria de la ZAM. En esta área se coleccionan diversos materiales como plásticos, madera, latas, fierro y aluminio para su reciclaje posterior. Se aprovechan, por ejemplo, las llantas viejas de autos para fabricar macetas. Además de reutilizar todas las aguas grises de la ZAM, también se ha implementado un sistema rudimentario de recolección de agua de lluvia. “Buscamos una mayor participación en estas actividades para seguir fortaleciendo el proyecto del huerto y además queremos desarrollar un sistema de sanitarios secos e implementar un mejor sistema para la reutilización y aprovechamiento de aguas grises”, relatan.

Acerca de los numerosos eventos que se realizan prácticamente cada semana, los integrantes de la ZAM afirman que todas las actividades son de acceso libre, con excepción de algunas fiestas y conciertos. Al término de las actividades, explican, “se pide una cooperación voluntaria para apoyar los gastos de espacio”. De esta manera, matizan, “cada quien coopera con lo que puede y no se excluye a nadie, y en las fiestas y conciertos se pide una colaboración monetaria en la entrada y se venden algunas bebidas para recaudar recursos para el espacio”.

Un proyecto de tales dimensiones, reconocen, necesita mucho compromiso y labor cotidiana. Son dos las razones que los activistas señalan como “los motivos para hacer este proyecto”. La primera es que “nos gusta mucho lo que hacemos, lo hemos adoptado como una forma de vida e intentamos hacerla lo más divertida posible”. La otra razón es que “no nos gusta como está organizada esta sociedad ni la destrucción del planeta que el capitalismo está realizando. Por eso intentamos desarrollar y difundir alternativas para una vida más libre”.

Lo anterior, advierten, porque no hay espacios en esta ciudad para los jóvenes, y los que existen son administrados por adultos que no aciertan en el interés de los jóvenes. Por esto en la ZAM “intentamos hacer un espacio en el que de manera autogestiva seamos los mismos jóvenes los que desarrollemos las actividades que a nosotros nos interesan”.

Actualmente la ZAM se ubica en la planta baja de un edificio que históricamente ha albergado un sin fin de actividades de carácter político social; originalmente fue propiedad del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). A través de los años el uso del edificio, al igual que el partido, fue marcado por fuertes divisiones políticas e ideológicas. Lo que una vez fue el estacionamiento del edificio fue convertido en una imprenta zapatista y así continuó por muchos años antes de ser cedido al grupo de jóvenes que fundaron la ZAM.

Actualmente este espacio está amenazado. Explican sus integrantes: “En este momento la ZAM está siendo amenazada por una inmobiliaria que pretende usurpar la propiedad del edificio para fines de lucro. Es por ello que queremos defender nuestro trabajo en este espacio, multiplicando la cantidad y diversidad de actividades que se realizan aquí”. El futuro es incierto. Existe la posibilidad real de un desalojo pero, dicen sus gestores, “aun así no cesaremos con nuestras actividades e invitamos a todo el mundo para que vengan a conocer la ZAM y si es de su interés se sumen a las actividades”.

“Nos gustaría -añaden- que surjan nuevos espacios autónomos por todas partes y que ayudemos así a generar una vida de libertad, apoyo mutuo y anticapitalismo.” Por esa razón, y a pesar de las amenazas de desalojo, la ZAM sigue su programación de eventos. “Para los meses de octubre y noviembre tenemos como siempre actividades de software libre, como el Tech-io, en donde gente interesada en aprender y compartir saberes se reúne; la exposición de arte “Tan lejos de dios”, en la que participan artistas chicanos, de México y de Oaxaca.”

También se organizarán estos meses las kafetas de la Red de Medios Libres, donde se sirve café, comida y otras bebidas acompañadas de proyección de videos. Habrá un taller de arte urbano, un evento de trueque (intercambio gratuito de todo tipo de cosas) y muchas otras actividades que se irán programando sobre la marcha.

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